EN AQUELLA SALA..........


Cuando Sun imparte acupuntura en Barcelona, paso con él unas 13 horas cada día, en aquella sala grande que transformamos cada mes en un pequeño hospital familiar. Trabajamos con 5 camillas separadas por biombos para procurar que cada paciente disponga de un poco de intimidad. Allí se mueve de todo, toxinas por supuesto, pero mucha magia porque baja mucha energía del cielo. Descubrí este lugar en un momento de desesperación. Era pleno mes de agosto, me quedaba sin casa y sin lugar para practicar la acupuntura. Me puse unos zapatos cómodos y salí a la calle. Empecé a recorrer toda Barcelona, cogía una calle larga y la seguía desde el principio al final. Entré en muchos centros de terapias, conocí lugares increíbles que tiene una ciudad y que si no te adentras en ella, jamás podrás conocer. Agosto en Barcelona es un mes de mucho calor y éste mezclado con la humedad del mar te hace sudar como un “pollo” y parece que cuando andas, te haya pasado por encima alguna que otra apisonadora por el cansancio que llegas a sentir.

 

El cielo me daba fuerzas para continuar, debía encontrar aquel lugar porque 20 días más tarde, una lista de personas necesitadas debían tratarse con el maestro Sun.

Al cabo de unos días de búsqueda, les pedí arriba que me guiaran un poco, que me echaran una pequeña mano.

Un día, pasé delante de unos portales de cristal muy grandes que estaban cerrados por vacaciones (agosto en España, encima, es un mes en que todo está cerrado por vacaciones), la verja estaba puesta, pero me llamó la atención  aquella cara pequeñita con unas gafas enormes, y reconocí la foto de Elisabeth Kubler Ross, siempre había admirado aquella mujercita, doctora honoris causa que había trabajado tanto acompañando a los moribundos a emprender ese último y largo viaje que todos debemos emprender algún día, como la mariposa que ella utilizaba mucho en sus ilustraciones. Me paré a mirar aquella foto y de repente, apareció una mujer saliendo de aquel local. La abordé con educación y le expliqué que estaba buscando una sala grande para alquilar una vez al mes, me contestó que estaban todos de vacaciones pero tuvo la gran amabilidad de meterme para dentro y enseñarme la sala que solían alquilar. ¡INCREÍBLE ¡ Nos encontrábamos en medio de la ciudad, en una calle de mucho tránsito, repleta de coches y peatones y dentro había aquel remanso de paz que no tenía pisos arriba, tan solo unas cristaleras enormes que cubrían todo el techo y  te dejaban ver el cielo. Entonces, me vinieron a la mente las palabras de Sun, cuando tenemos tierra abajo y cielo directo arriba es como estar en el paraíso  y más cómodo para poder sanar a los demás, el reto era muy alto en una ciudad como Barcelona, pero allí estaba, ese lugar existía y había llegado a él.

 

Nos sentimos muy a gusto allí, porque no es un centro de terapias diversas dónde cada uno vende la suya como la mejor, allí no se vende nada. Es tan solo un  centro de acompañamiento al duelo y las personas que trabajan en este centro lo hacen de forma voluntaria.

Allí me he encontrado con  muchas mujeres que han pasado por la pero experiencia que puede vivir una madre en esta vida, la de la pérdida de un hijo, y allí están ellas, Adela, Teresa, Yolanda….,  acogiendo y ayudando a todas aquellas personas que llegan desamparadas.

 

Como dice el maestros Sun “ A MI NO ME GUSTA GENTE ESPECIAL, PREFIERO GENTE NORMAL, SENCILLA”, lo entiendo perfectamente porque anteriormente, trabajamos con gente “Especial” y fue muy difícil encontrar armonía.

 

Como iba diciendo, esas 13 horas que paso allí con Sun son increíbles, no cambiaría por nada en el mundo aquellas horas, ni tan siquiera por un bonito viaje a las Maldivas.

Llega tanto dolor, tanto sufrimiento, pero hay tanto amor, tanta generosidad para acoger ese dolor y ese sufrimiento, que las personas salen diferentes de cómo cuando llegan, salen con luz, con esperanza en sus rostros porque alguien les ha abierto una puerta, aunque ésta sea muy pequeñita.

 

Sun habla poco, pero actúa, con las zapatillas de estar por casa para sentirse muy cómodo y no tener tensión en las piernas y pies, el día es muy largo, parece un director de orquesta, con las agujas en la mano, yendo y viniendo de una camilla a otra, con la sonrisa y la paz en su rostro. No tiene prisa, tan solo delicadeza, sus manos se mueven sutilmente, a veces me pregunto si algunos de los inmortales de los que tanto me habla están allí con él, llevando, dirigiendo aquellas manos hacia los lugares claves de aquellos cuerpos tumbados y relajados en la camilla. Se respira PAZ, se respira ARMONIA, y uno se siente envuelto dentro de aquella energía que el cielo está bajando sin parar para ayudar a aquel hombrecillo que tan solo pretende poder curar a la persona que tiene allí tumbada confiando en él.

 

En aquella sala, aprendo mucho del cuerpo, del espíritu y de la esencia de la vida, observo a Sun, le escucho y veo que lo más importante, es la ARMONIA, buscar siempre en la palabra y en el movimiento la armonía para que se convierta en un hábito en nosotros y poco a poco suframos menos.

 

Con esto, quería hacerte sentir y tocar un poco la esencia de este camino que nos muestra Sun.

 



SEMINARIO WUBAOMEN CHIKUNG EN GIRONA

19/02/2012


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