CUANDO EL CUERPO HABLA……
Durante un tiempo estuve subiendo
a las pistas de esquí, pero yo no esquiaba, paseaba, me sentaba en alguna que
otra terraza y me gustaba observar cómo la gente se deslizaba por aquellas
pendientes blancas. Me llamaba sobre todo la atención ver cómo los niños
bajaban aquellas pendientes, cómo esos cuerpecitos se acoplaban tan fácilmente a
la pendiente hasta llegar a hacerse uno con ella. El niño no tiene bloqueos, el
niño tiene un cuerpo libre. Yo nunca supe esquiar, no tuve unos padres
emprendedores en este sentido, a duras penas nos íbamos algún que otro verano de
vacaciones….
Fue entonces cuando me di
cuenta cuán agarrada estaba a todo lo que me envolvía, incluso a mi pasado y
cuanto miedo tenía a lanzarme hacia la libertad. En lugar de echarme hacia
delante y dejarme deslizar por la pendiente,
mi miedo me tiraba automáticamente hacia atrás, y era peor porque me
caía una y otra vez. Alguna vez,
conseguí soltarme, soltar las amarras y deslizarme sin miedo por la pendiente,
entonces, sentía una sensación increíble de TOTAL LIBERTAD, el viento frío
azotaba mi cara, despertando hasta la última célula, mi cuerpo cogía velocidad,
una velocidad vertiginosa y muy placentera, me sentía LIBRE y cuánto más libre
me sentía, más soltaba mi cuerpo.
Lo mismo me pasaba cuando
bajaba las montañas, las piedras y la tierra es muy resbaladiza y tenía tanto
miedo de caer que tensaba hasta la punta de los pelos, acababa con dolores de
espalda, de piernas, hasta las mandíbulas me dolían de tanto apretar los
dientes. Si al bajar, te sueltas como si fueras un muñeco que lleva muelles en
las piernas, la bajada se hace mucho más fácil y placentera.
No creo que ahora
fuese capaz de esquiar, pero sí de bajar las montañas sin castigar tanto mi
cuerpo, ahora me siento más libre interiormente, estoy perdiendo el miedo,
estoy dejando de lado todos aquellos complejos que tanto me bloquearon y me
llevaron a muchos fracasos. Los complejos son terribles, hacen que te estés
comparando siempre con los demás y que quieras siempre ser como el otro porque
no te sabes reconocer, porque no tienes el valor de ser tú misma, no tienes el
valor de TOMAR EL MANDO DE TU VIDA. El
cuerpo es un buen termómetro de cómo uno se encuentra, por eso es importante
despertar la sensibilidad a nivel del cuerpo, a nivel de la piel, solo
despertando la sensibilidad a nivel de la mente, a veces, no es suficiente.


